Encuentros INECA
Estrategia en la política y en la guerra actual
El eje del conflicto está en la rivalidad económica entre Estados Unidos y China
Alicante, 28 de abril de 2026.-
INECA reunió a casi medio centenar de empresarios en un encuentro exclusivo para socios en los que el general en la reserva, Francisco García Almenta, anterior jefe del Mando de Operaciones Especiales (MOE) con sede en Alicante, ofreció una interesante conferencia en la que reflexionó sobre el actual panorama geopolítico y explicó el por qué de la situación actual. El presidente de INECA, Alfredo Millá, agradeció a los asistentes su presencia y al general García Almenta por intentar poner el foco en lo verdaderamente importante del actual panorama geopolítico. Esta jornada permitirá ver la situación como un puzzle donde todas las piezas encajan y ayudará al diseño de las estrategias empresariales, puntualizó. Por su parte, el presidente del Puerto de Alicante, Luis Rodríguez, dio la bienvenida a los asistentes y detalló los últimos logros conseguidos por el puerto y la proyección de crecimiento.
La guerra geoeconómica: una lectura estratégica para empresarios en un mundo en tensión
La nueva edición de Encuentros INECA volvió a girar sobre la importancia de la geopolítica y cómo los actuales conflictos políticos afectan a la economía local. En esta ocasión, el General en la reserva Francisco García Almenta, anterior Jefe del MOE, nos abrió los ojos ante un escenario lejano pero muy presente en nuestro día a día en La Guerra Socioeconómica. García-Almenta planteó un diagnóstico directo y poco complaciente del actual escenario global: el mundo ya no transita por una etapa de competencia económica convencional, sino por una fase de confrontación estructural donde economía, industria y geopolítica se entrelazan.
Lejos de un enfoque teórico, la intervención situó el eje del conflicto en la rivalidad entre Estados Unidos y China, una disputa que trasciende lo comercial para convertirse en una pugna por el control del futuro económico. Como se expuso, no se trata únicamente de aranceles o balanzas comerciales —aunque estas reflejan desequilibrios significativos—, sino de un enfrentamiento entre modelos: Washington busca reindustrializarse para no convertirse en una economía dependiente, mientras Pekín persigue la autosuficiencia como garantía de poder.
Esta lógica responde a lo que la literatura denomina “guerra económica”, donde los estados utilizan instrumentos financieros, comerciales o industriales para debilitar a sus rivales y reforzar su posición estratégica. En ese contexto, la creciente relocalización industrial —como el traslado de sectores clave europeos hacia China por costes— no es un fenómeno aislado, sino una manifestación de esa competencia sistémica.
La jornada también abordó el papel de otros actores. Rusia fue descrita como una economía plenamente orientada a la guerra, mientras que Europa —y especialmente España— aparecen rezagadas en términos de estrategia industrial y capacidad de respuesta. En paralelo, regiones como América Latina o países como Irán, Venezuela o Cuba se insertan en este tablero como piezas de una tensión más amplia, donde los equilibrios políticos internos de potencias como Estados Unidos también condicionan las decisiones exteriores.
Uno de los puntos más relevantes para el auditorio empresarial fue el análisis de Europa como espacio intermedio, presionada simultáneamente por las dos grandes potencias. Esta posición, lejos de ser neutral, implica asumir costes: dependencia energética —como el reemplazo del gas ucraniano por el estadounidense—, desequilibrios comerciales o impactos derivados de acuerdos internacionales como Mercosur, con efectos desiguales entre países.
Frente a este escenario, el general subrayó conceptos clave para la empresa: la necesidad de una diversificación activa, el acercamiento al denominado “sur global” y el desarrollo de políticas industriales defensivas. En otras palabras, trasladó al ámbito empresarial una lógica propia de los estados: anticiparse, reducir vulnerabilidades y asegurar cadenas de suministro en un entorno crecientemente incierto.
El mensaje de fondo fue claro: la globalización tal como se conocía está mutando hacia un sistema más fragmentado, donde la interdependencia ya no garantiza estabilidad, sino que puede convertirse en un instrumento de presión. La geoeconomía —el uso estratégico de la economía como herramienta de poder— se consolida así, como el nuevo marco de actuación.
La jornada concluyó con una idea contundente: no estamos ante una crisis coyuntural, sino ante una “gran divergencia” en la que el equilibrio global se redefine. Para el tejido empresarial, comprender esta transformación deja de ser una opción académica o de arquitectura de defensa militar para convertirse en una necesidad estratégica. Porque, como se deslizó durante la sesión, la guerra ya no es solo militar: es económica, industrial y, sobre todo, estructural.







